No.

Ayer me entrevistaron para un podcast, la persona que lleva el programa me ha pedido que no diga nada porque es el primer episodio de la nueva temporada así que no os puedo adelantar qué podcast es hasta que lo publiquen en redes.

En la conversación que tuvimos, uno de los temas que más le impactó a esa persona es cuando le dije que por defecto casi siempre digo que NO a las propuestas o solicitudes que me hace la gente.

¿El motivo?

La mayoría son una trampa.

Te proponen algo que solo tiene valor para ellos y si aceptas, por error, por compromiso, porque no puedes decir que no… Te atrapan en una espiral de dedicación, atención, tiempo, esfuerzo que finalmente te impedirá ocuparte de lo que es verdaderamente importante para ti.

Familiares, parejas, amigos, compañeros, superiores, socios, clientes, proveedores… Todo el mundo pide aquello que necesita en cada momento sin atender al precio real de su solicitud, al esfuerzo que supone para la otra persona, a la presión a la que se le somete… Y la gente acepta y acepta, muchas veces porque no le queda más remedio.

La gente se pasa la vida haciendo concesiones, exponiéndose a negociaciones en las que no tiene nada a ganar y aguantan en esa relación personal o profesional a base de ceder.

Sin darse cuenta de que seguir aceptando aquello que les piden es una trampa y cada vez que lo hacen se quedan más vacíos, pobres y jodidos. Porque todo el tiempo obtienen lo mismo que ya tenían o incluso menos, pero dando un poco más.

Un ejemplo es en las empresas, he trabajado con cientos de personas en la creación de estrategias para renegociar sus sueldos. Los trabajadores empezaron cobrando x, con el tiempo la empresa fue despidiendo a gente, reestructurando departamentos y esa persona cada vez ha ido asumiendo más y más trabajo, pero cobrando lo mismo.

Concesiones, concesiones y más concesiones… Para seguir teniendo lo mismo o incluso menos.

El problema por el que la mayoría de la gente no es capaz de decir NO, es porque necesita el Sí.

Cedes a lo que quiere tu pareja, aunque tu no quieras eso porque tienes miedo a perderle. Cedes a la crítica de ese familiar, porque no quieres perder su amor o admiración. Cedes a lo que te piden en la empresa, porque tienes miedo a que te despidan…

¿Qué hacemos con esa necesidad?

Este es el segundo tema que le rompió la cabeza a la persona que me entrevistaba. Personalmente, cuando me pongo un objetivo este debe de ser un:

“Sí, por supuesto”

Es lo que quiero y no hay duda de ello. Cómo no acepto “mierdas” tengo el tiempo y la capacidad de elegir con cabeza, negociar las propuestas y terminar encontrando cosas que me interesan y me motivan de verdad.

Cuando tengo el “Sí, por supuesto”, lo que hago es aceptar perderlo.

No me importa si es un ingreso que necesito para llegar a final de mes, si es esa persona de la que me he enamorado locamente, esa admiración que me ha llevado años lograr, o esos seguidores por los que me he esforzado tanto… Lo suelto TODO.

No voy a entregar ese poder a nada ni a nadie, porque si lo hago pierdo mi libertad y dejo de relacionarme con ello de una forma sana y desde el lugar que realmente merece.

A partir de ahí empiezan una cadena de favores, compromisos y deudas internas que intoxican esa relación.

Recuerdo que esto de “soltar” lo hacía con los exámenes en la universidad. Miraba el examen y mentalmente aceptaba suspenderlo. Automáticamente mi cuerpo empezaba a tensarse, sentía miedo solo de pensar en eso, angustia, ansiedad… y después me relajaba.

Solo entonces, cuando podía aceptar perder, empezaba la acción que me podía llevar a ganar.

 

Aquí quiero compartir una frase del Tao Te King de Lao Tse, poema 48:

Para ganar el mundo, se debe renunciar a todo.

 

No puedes avanzar de verdad si no eres capaz de aceptar uno de los dos resultados posibles.

Cuando eres capaz de ir a por lo que quieres, asumiendo la responsabilidad y el riesgo de que suceda todo lo contrario, en ese momento quedas libre para conseguirlo o perderlo.

Si no eres capaz de aceptar aquello que no quieres, lo que quieres queda automáticamente fuera de tu alcance.

¿Recuerdas la película Gattaca? Hay un momento de la película en el que el protagonista cuenta cómo ganó una carrera nadando mar adentro con su hermano, a pesar de tener un problema de corazón:

“Nunca me guardé fuerzas para volver”

Fue su respuesta.

Cuando te liberas del peso de las consecuencias te entregas plenamente a la acción que realizas.

Sé perfectamente lo que me dirás ahora.

Muy bien, pero no puedo dejar ese trabajo porque tengo familia, deudas, gastos y necesito llegar a fin de mes.

Lo que te digo no es que lo dejes, es que internamente hagas el trabajo de aceptar la opción que no quieres. Haz el trabajo mental de imaginar perderlo y acepta esos sentimientos, esos miedos, esos horizontes… Descubrirás que cuando tu cuerpo se relaja tu mente se aclara y ves la situación desde una nueva perspectiva.

Una cosa que la gente descubre es que aunque dependas de ese jefe o de ese cliente, cuando dices NO y lo argumentas con serenidad, estas personas empiezan a tomarte en serio, empiezan a respetarte y a negociar entrando en más detalle en los aspectos que propones. A quién manipulan sin compasión y utilizan una y otra vez, es a quién tiene tanto miedo que ni siquiera es capaz de defender sus argumentos.

A partir de ahí, te propongo que empieces a realizar acciones gradualmente en tu vida para cambiar esa situación, porque ahora mismo eres vulnerable y esa vulnerabilidad es la que te impide romper y lanzar bien lejos esa palanca desde la que te manipulan y presionan.

Avanza maximizando tus opciones para no ser dependiente ni vulnerable, y así poder empezar a decir NO a las faltas de respeto, aprendiendo a argumentar tu situación y a cubrir de verdad tus necesidades, en lugar de darlo todo y sacrificarlo todo por ellas.

Te animo a que lo pruebes. Empieza por el NO y si la otra parte quiere, ya se esforzará para encontrar un punto medio con el que se ganará tu Sí, pero por lo menos habrás respetado tu valor, no te moverás desde el miedo y sea cual sea el resultado te sentirás orgullos@ de ti mism@.

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Muchas gracias por acompañarme en este camino, tenemos cita de nuevo el próximo viernes por la mañana.

Alexandre Escot