NOTA IMPORTANTE: Esto es ciencia ficción. Es un cuento. Nunca ha sucedido. En ningún momento se anima a nadie a que haga ninguna locura como cruzar la calle sin detenerse. No nos hacemos responsables de nadie que realice prácticas de ningún tipo de las que se anuncian en el mail. (Y además, me da mucha pena tener que publicar este mensaje.)

 

Hay momentos en la vida en los que no se te pide más, se te pide magia.

Y esto la gente no lo entiende (o no lo quiere entender).

 

Porque la magia da miedo.

 

 

Estábamos 4 o 5 personas sentadas en el salón de V.

Ese día habíamos quedado a media mañana y no teníamos ningún plan en concreto.

Nos pusimos a jugar con la visualización, concretamente con la clarividencia.

La idea era, en sus palabras:

“Soltar los frenos para conectar con lo que tiene que ser visto”.

 

Cuando me tocó a mí, sentí la presión de querer hacerlo bien.

Pero la represión del error limitaba la expresión del éxito.

Y no veía nada. Mi cuerpo contenía, reprimía, se protegía.

 

V. lo vio y me dijo:

—Coge la chaqueta nos vamos a la calle.

Cuando estuvimos abajo empezamos a andar.

—¿Dónde vamos? —pregunto.

—Solo anda. La regla es que no puedes detenerte.

—¿Y si pasa gente? ¿Y si pasan coches?

—No puedes detenerte, usa la presencia para que se detengan.

 

Al principio fue fácil porque en el Raval las calles son pequeñas y estrechas. Pero a la que subimos hasta l´ Eixample, la cosa se complicó ya que ahí todo es cuadrado y cada poco hay carreteras en las que pasan coches.

Al llegar a un semáforo en rojo me detuve. Él siguió andando y los coches se detuvieron a medida que él pasaba yo le seguía por detrás.

Antes de llegar al siguiente semáforo me miró y me dijo, dame Rock & Roll, por favor:

 

“Sé alguien que no puede morir o muere”

 

Pero no te quedes en medio.

 

Esas palabras retumbaron en todo mi cuerpo. Respiré hondo, conecté y avancé. Todos los semáforos en verde. Hasta que se presentó la prueba final, uno en rojo.

Todo lleno de coches pasando a toda velocidad.

—Sigue dándome Rock & Roll —oí que me decía.

Y avancé con tal presencia que las personas se apartaban y desde lejos los coches me veían y empezaban a detenerse.

Sentí que esa era la verdadera presencia. Entregarte al presente con tal potencia que quedas completamente conectado a la vida y todo sucede en armonía.

Nos pusimos a hablar (hasta ese momento avanzábamos en silencio) y conversando avanzábamos sin mirar semáforo ni coches. Todo estaba bien.

 

Llegó un punto en el que me dijo, ya está.

— Ya no eres alguien muerto de miedo intentando cruzar el río, ahora eres el río atravesando la tierra.

 

Paró un taxi, nos montamos y volvimos a su apartamento.

Una vez arriba, me puso en el centro de la sala y me dijo:

 

—Ahora dame Magia.

 

Fin del relato.

 

Alexandre Escot.