2. Recuerda quién Eres.

Observa sus pequeños dedos jugando con el mantel de la mesa. Delante suyo está su plato con dos trozos de carne rebozada acompañados de humeante puré de patata. Es su comida favorita, llevaba toda la mañana en el colegio esperando llegar a casa para comerla, pero ahora está ahí delante suyo, enfriándose.

Escucha unas voces de fondo, discutiendo. Parece que están muy lejos pero están alrededor de esa misma mesa.

Mira el tenedor, quiere cogerlo y probar el puré, pero no puede. No le gusta que discutan. Tiene un pellizco en el estómago y ganas de llorar.

Les mira. Ya les ha visto antes así y se pone muy nervioso. Le duele lo que se dicen, cómo se lo dicen. Hablan como si él no estuviera ahí. Parece que ellos no le ven.

Enfadados, cada uno consigo mismo, se levantan la voz el uno al otro por cosas que no importan.

Le duele la tripa y tiene cada vez más ganas de llorar. Mira el vaso de agua que hay detrás de su plato. Quiere beber un poco a ver si se le pasa el dolor de tripa. Coge el vaso, bebe un sorbo y de repente, se oye un golpe y todo tiembla. No se lo esperaba y se tira el agua encima. Se le moja un poco la cara y se le cae un poco de agua en la camiseta. Se asusta mucho. Mira que ha pasado. Han dado un golpe en la mesa. Les mira y ellos le miran, les sabe mal que él esté ahí presenciando esa discusión. A continuación, siguen discutiendo pero en un tono más bajo, echándose la culpa porque no deberían haber dado ese golpe en la mesa ni estar discutiendo delante del niño.

Deja el vaso detrás del plato. Ahora un trozo de carne está un poco encima del puré que ya no saca humo. Coge la servilleta para secarse la barbilla y la mancha de agua de la camiseta. Cuando termina vuelve a jugar con sus dedos siguiendo el pliegue del mantel.

Parece que la discusión termina.

¿Pero qué haces que no has comido nada? —le preguntan como si todo estuviese bien.

No tengo hambre –dice mientras sigue jugando con el pliegue del mantel.

—Pero si es tu plato favorito y ni lo has probado. Venga come un poco que cuando te hemos ido a recoger al colegio decías que estabas muerto de hambre.

Ya no me gusta– responde el niño. Se levanta y se marcha a su habitación.

Se miran entre ellos extrañados sin entender qué le pasa. Se dicen que tienen que dejar de discutir delante del niño. Se levantan para recoger la mesa, llevan los platos a la cocina y cambian de conversación. Siguen hablando como si no hubiese sucedido nada.

– FIN –

Tú que estás leyendo estas líneas esperabas algo. Esperabas que la discusión siguiese subiendo de tono. Que hubiese faltas de respeto. Incluso que llegasen a las manos. Porque ese es un límite que tú nunca cruzarías y así esta historia hablaría de otros. Otros que cometen errores que tú no cometerías. Pero no es así.

Los pequeños momentos importan.

Los pequeños momentos también hieren.

La emoción negativa se pega a todo lo que la rodea. Ese niño ya no disfrutará de su carne rebozada acompañada de puré de patata del mismo modo. Una parte de él se rompe. Igual que una parte de ti se rompió. Igual que una parte de otra persona se romperá como consecuencia de una acción tuya.

Principio 5. Recuerda quién Eres

Porque si olvidas quién eres, aceptarás cosas que no quieres y en tu malestar terminarás por hacer daño a personas que no tienen ninguna culpa.

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